Lenin Hernández lanza indirectas al gobierno de Rodrigo Chaves comparándolo con Venezuela.

El sindicalista Lenin Hernández Navas, emitió un artículo de opinión en el cual arremetió indirectamente contra el presidente de la República, Rodrigo Chaves Robles y su estilo de gobernar.
El líder sindical de UNDECA aseguró que Costa Rica podría llegar a convertirse en una «Venezuela»
SINAE AFINES
Sindicato Nacional de Enfermería y Afines
No queremos que Costa Rica se convierta
en otra Venezuela (2026)
Lic. Lenin Hernández Navas
Secretario General SINAE AFINES
Presidente Confederación Trabajadores UAS
Costa Rica enfrenta hoy una encrucijada silenciosa peroprofunda.
No se trata de una coyuntura electoral ni de undebate ideológico superficial entre izquierdas y derechas, sino, de algo mucho más serio: la erosión progresiva de las condiciones que sostienen una democracia funcional, justa y socioeconómicamente estable, agravada por la aparición de liderazgos populistas que capitalizan el malestar social en lugar de resolverlo.
El 17 de abril del 2018, desde el espacio de opinión del Diario Extra, escribí un artículo titulado «No queremos que Costa Rica se convierta en otra Venezuela», no como una consigna política ni como un ataque ideológico, sino, como una advertencia respetuosa, basada en la historia reciente de América Latina. Advertí entonces que las crisis profundas no nacen de un día para otro, surgen de la acumulación de errores: ausencia de políticas públicas sostenibles, desigualdad creciente y decisiones económicas desconectadas de la realidad social.
Ocho años después de esa publicación, la advertencia no pierde vigencia, por el contrario, se vuelve más necesaria.
Venezuela no colapsó por una ideología en particular, el país pasó por décadas de irresponsabilidad política, corrupción estructural, ausencia de políticas de Estado y una desconexión brutal entre el poder y la vida cotidiana del pueblo.
La historia demuestra que cuando el hambre, la desigualdad y la humillación se normalizan, la democracia seacia se vacía de contenido.
En este contexto es necesario entender dos verdades incómodas: las democracias no caen solo por ideologías extremas.
Se desploman por la incapacidad de las élites políticas de gobernar con justicia; y los pueblos no se radicalizan por ideologías, sino, por la falta de oportunidades, empleo digno, educación y por la desigualdad persistente.
Costa Rica no es Venezuela, pero puede cometer errores similares si persiste la improvisación, si se normalizan gobiernos de corte populistas, si se imponen ajustes regresivos sobre los asalariados, se abandona al trabajador independiente y a las MIPYMES, si se pierde la sensibilidad social y se debilita el diálogo social como base democrática.
No defiendo dictaduras ni modelos autoritarios, vengan del color que vengan. Pero tampoco creo en una democracia reducida a procesos electorales vacíos de justicia social.
La democracia real exige políticas públicas sostenibles, instituciones fuertes y un Estado que gobierne para las personas, no solo para los mercados.
En tiempos electorales, desde el sindicalismo democrático, reitero un llamado al diálogo social responsable y honesto para sacar al país adelante, fortaleciendo con propuestas a los sectores: productivos, socio productivos, agropecuario y sociales; en donde todos debemos aportar, pero, según nuestras capacidades reales, con razonabilidad, proporcionalidad y sentido de justicia.
En Costa Rica aún estamos a tiempo. Pero la historia es clara: las democracias no mueren solo por golpes de Estado de derechas o izquierdas, también por la suma de indiferencias, abusos normalizados, decisiones tomadas a espaldas del pueblo junto con la falta de conciencia e ignorancia cívica que permite que todo ello ocurra.
Por eso, hoy como ayer, con responsabilidad democrática y convicción social, afirmo: «No queremos que Costa Rica se convierta en otra Venezuela».
San José, enero del 2026.




