Noticias

Exdiputado Eli Feinzaig arremete contra el expresidente Rodrigo Chaves.

Excandidato presidencial Eli Feinzaig lanzó fuertes críticas al ministro de la Presidencia Rodrigo Chaves Robles mediante el siguiente comunicado posteado en redes sociales.

Eli Feinzaig manifestó:

Es necesario entender que cuando el Presidente de la República, o un ministro, se comporta como un matón de kinder, no es un desliz ni una pérdida momentánea de control. Es parte del montaje.

El populista autoritario necesita desacreditar a sus adversarios políticos, pero no puede lograrlo mientras ellos tengan apoyo popular lo suficientemente fuerte para manifestarse en público. Y por eso es que le teme tanto a los plantones y a las faroleadas. Porque a un político rival lo puede destrozar a punta de mentiras y persecución. Pero al ciudadano valiente que lo confronta con respeto no lo puede subyugar tan fácilmente. Necesita que el ostracismo se lo apliquen sus pares. Los demás ciudadanos.

Reitero, entonces: los exabruptos de Rodrigo Chaves y el silencio cobarde de la presidenta Laura Fernández ante las ofensas de su ministro a Su Pueblo, no son indiscreción ni fallo de carácter. Son parte de la puesta en escena.

Es la señal del líder para que la secta desate sus bajas pasiones: la violencia verbal, la violencia física. Basta con ver el júbilo de quienes rodeaban a Chaves en Cartago cuando se puso a hacer muecas y mostrar su desprecio por los costarricenses.

El objetivo es que aquellos ciudadanos que nada le deben empiecen a sentir temor. Temor de salir a defender la democracia, la decencia, la sana convivencia. Temor de manifestar sus opiniones. Temor, eventualmente, de salir a la calle, punto.

La puesta en escena es compleja; Chaves no actúa solo. Cuenta con la complicidad de la portaestandarte de la Presidencia de la República, quien es la llamada a meter en cintura a los miembros de su gabinete. El problema es que no es suyo. El río no le enseña al mar cómo correr.

Cuenta con la connivencia de un ministro de Seguridad que, vista la actitud de la Fuerza Pública ayer en Cartago, debería ser juzgado por traición a la patria. La Fuerza Pública debería estar al servicio del pueblo y no de las ínfulas del gobernante de turno.

En la escena aparecen otros personajes oscuros, muy oscuros, a organizar, a girar instrucciones, a repartir banderas, almuerzos e insultos. Secretarios Generales con una lista de cuestionamientos más larga que la cabellera de Sansón, redimidos como por arte de magia, o por divina intercesión de quien prometió que venía a erradicar la corruptela de los de antes. Excepto, decía en la letra pequeña, la de quienes la pusieran a su servicio.

Alcaldes serviles que más pronto decretan el cierre de 18 cuadras -afectando a comerciantes pulseadores que votan para elegir a sus autoridades locales y pagan una cantidad desproporcionada en impuestos, patentes y permisos- que atreverse a mantener intacta la dignidad de un acto cívico tan hermoso como la faroleada del 14 de setiembre.

La lista no es exhaustiva, pero hay un elemento más de esta producción al que no se le ha dado la atención que merece. Sabemos que el gobierno -este, el anterior, y los partidos taxi que han utilizado- no escatiman en pagar almuerzos y transporte para llenar la plaza de acólitos que repitan consignas y aplaudan la fanfarronería. ¿Les da miedo la dictadura?

En estos tiempos de altísimo costo de la vida y poca oferta de empleo formal, no culpo a quienes aprovechan la oportunidad de darse un paseíto gratis. Pero los reportes que llegan de quiénes estuvieron ayer en Cartago son de que había entre los turistas de turno muchos habitantes de la calle y personas, digamos, de pocos escrúpulos.

Esto no ha de sorprendernos. ¿Por qué? Porque el tirano necesita que el ciudadano independiente se sienta cada vez más inseguro, menos deseoso de participar en actos cívicos en los que se pueda encontrar frente a frente con los gobernantes. Porque a pesar de toda su bravuconería, parafraseando a Milton Friedman, no existe nada más cobarde que un proyecto de dictador. Solo falta la foto en el billete.

Entendamos entonces que no existe en el mundo cantidad de justa indignación manifestada por los ciudadanos ante la ordinariez de Rodrigo Chaves que lo vaya a hacer recapacitar. Es parte del montaje. Es la versión más gráfica que podemos pedir de cómo se lleva a cabo el proyecto de siembra de odio y división que justifica la «necesidad» de la mano dura.

Y por eso los ciudadanos tienen que entender que un plantón no es un proyecto político. Como nos enseñó la Primavera Árabe hace 15 años, un movimiento ciudadano espontáneo no llena el vacío de poder cuando alcanza su objetivo. Que, por más trillada que esté la frase, ninguna silla quedará vacía, pero la ocupará quien esté mejor organizado en el momento oportuno. Y que, de nuevo tomando lecciones de la Primavera Árabe, nada gana el pueblo reemplazando a un tirano con otro, o con una opción política que aboga por menos libertades individuales y más poder colectivo, aunque tenga mejores modales.

¿Cuál es la solución? Yo no la tengo, pero el primer paso es entender el fenómeno al que nos enfrentamos. Y no dejar de salir a manifestarse pacíficamente mientras se articula la respuesta.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba