#Opinión. DOS RAYITAS MENOS, PRISCILLA. Por Rebeca Grynspan Flikier.

DOS RAYITAS MENOS, PRISCILLA.
Esta diputada, Priscilla Vindas del Frente Amplio, nos trae un mensaje hepático y con poca investigación. Su argumento es:
Priscilla Vindas: “Este gobierno detesta a los agricultores porque los tiene abandonados y empobrecidos”.
¿Será cierto? Porque para tal afirmación con dos rayitas de más, hay que tener en cuenta datos y estadísticas.
No es cierto. Y a las pruebas me remito. Diez años antes, en el Censo Agropecuario, aproximadamente el 55,4% de las fincas censadas correspondían a la agricultura familiar, un 26% de la extensión total de uso agropecuario del país. Estudios antes del 2009 describían los retos para la inserción en el mercado de sus productos debido a bajos volúmenes de producción, competitividad, poca información y débil infraestructura de distribución, lo que hace depender de mediadores.
En los últimos veinte años las cosas no han cambiado y seis de cada diez agricultores con esquemas familiares vive situaciones económicas apremiantes. Esta problemática no es de este gobierno. Si bien la ruta del arroz no ha tenido impacto ni beneficio, otros proyectos de caña tienen en la mira a 7000 productores medianos y pequeños.
Los desafíos en estos últimos cuatro años tiene relación con migración de jóvenes a las ciudades, lo que frena la continuidad de la actividad agrícola sumado a una pobre innovación agrícola que requiere muchas veces de tratados de libre comercio. Países como México, Vietnam, India, Colombia y China se han beneficiado en temas de agricultura y tecnología con proyectos asociados con Israel para pequeñas y medianas empresas. Este mismo tratado que ustedes están pisoteando porque sus ideologías se asocian con quebrar las piernas y luego venderles muletas.
La guerra entre Rusia y Ucrania han elevado los costos de fertilizantes y el margen de ganancia se ve afectado, sumado además al cambio climático, plagas, y eventos meteorológicos imprevistos.
Así que Priscilla, bajale las dos rayitas a tu discurso…Y dejá de mentir.
Rebeca Grynspan Flikier




